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En portada Frente al tomo de la letra E, que ocupa ella sola el más gordo de los libros de ese derroche de genialidad que es el Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Castellana, la U parece poco menos que una hermana menor:

Si acaso una pariente pobre, una hija no deseada y no reconocida del alfabeto.

Pero más triste aún es la presencia de la U en el ameno diccionario de colombianismos que editó la Academia Colombiana de la Lengua: apenas una página con exceso de blancos, pues en ella aparecen nada más que seis palabras. Y entre ellas una que resulta de ingrata recordación para la inmensa mayoría de la clase media colombiana: Upac.

Sí, Upac, ese dolor de cabeza de tantos ahorradores que se lanzaron a la aventura de tener casa propia sin saber que en realidad estaban ayudando –a costa de su sangre– a saciar la gula de los banqueros, que es insaciable.

Por fortuna no figuran nombres propios en ninguno de los dos diccionarios citados, pues tendríamos que enfrentarnos al horror de ver allí –¡también allí!– el apellido de cierto exmandatario de Colombia que es ahora, y hasta que la muerte lo repare, presidente vitalicio del Club de la Pelea. Aunque en realidad el suyo es un nombre impropio.

Pobre U, tan maltratada. También comienzan con ella palabras temibles como urólogo, y más temibles aun cuando la próstata se convierte en motivo de examen anual –y anal– y que va acompañada en el incomprensible diccionario de dicha especialidad médica por términos como uréter y uretra, que uno suele oír casi siempre de boca de una enfermera que llega hasta la camilla en la que uno se encuentra con una especie de delgada manguera lista para atacar.

Provenientes también del mundo de la medicina, pueblan el poco abonado terreno de la U palabras que duelen simplemente con pronunciarlas, como úlcera y urticaria. Y otras que han logrado producir aun más dolor –y sobre todo enorme vergüenza– como ultraderecha, ultraje y usura, que casi siempre se exhiben en combo.

Tiene sin embargo el breve capítulo de la U, aunque pocas, ciertas palabras que la enaltecen, que la adornan, que por su cuenta embellecen la lengua castellana. Aquí van mis preferidas, en atrevida definición propia.

Uchuva:

Fruta que no suena muy bien por la intromisión de la “ch”, pero que sabe de maravilla, sobre todo si llega en forma de salsa agridulce sobre un queso brie sometido a los rigores del horno.

Ultramarinos:

Esas tiendas generosas en las que ofrecen lo que llega del otro lado del océano. Aparece en absolutamente todas las novelas de corte nostálgico de autor español.

Undívaga:

La manera que encontró Barba Jacob para referirse a lo ondeante de la existencia: “La vida es clara, undívaga y abierta como un mar”.

Uno:

La mitad de una pareja. Y en el caso de Enrique Santos Discépolo, la mitad que lleva el dolor, pero que atrae la inspiración. Si lo dudan, repasen este aparte de ese tango suyo que se llama, precisamente, Uno: “Uno va arrastrándose entre espinas, y en su afán de dar su amor, sufre y se destroza hasta entender que uno se ha quedao sin corazón”.

Upa:

Tres letras que lo devuelven a uno a la infancia. Y cuánta falta hace devolverse de vez en cuando.

Urbana:

La llegada a la ciudad le puso fin en buena hora a una literatura que se había vuelto insoportablemente melosa.

Urubambino:

Uno de los más hermosos gentilicios, el de los nacidos en la provincia peruana que lleva el nombre de ese río que cruza el valle sagrado de los Incas, el Urubamba.

Usía:

Jamás la usaría, pero me divierte su origen. Viene de usiría, que a su vez se deriva de useñoría, que es la simplificación de vueseñoría, que significa vuestra señoría.

Útil:

Me suena a cartuchera de colegio, lápiz recién tajado, borrador de nata y cuaderno cuadriculado con el típico ahorcadito.

Utilero:

El que ayuda a quemar tiempo en los partidos cuando el equipo va ganando uno a cero y todavía faltan quince minutos para el pitazo final.

Utopía:

Por imposible que parezca, mueve los sueños grandes y confirma que mientras más se sueña más lejos se llega.

Uva:

No sólo es la fuente de esos riojas que tanto me gustan. También es el nombre de una de las amigas imaginarias de mi pequeña hija.