Transformaciones de película

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Transformación y cine son definitivamente palabras que van de la mano. Empezando porque el cine es el arte cambiante por naturaleza, los guionistas han estado siempre fascinados con la idea de que uno de sus personajes sufra una transformación física tan real y tan impactante que la audiencia quede boquiabierta ante semejante cambio.

Las grandes transformaciones en el cine se han caracterizado por su extrema atención al detalle y su impacto en las audiencias. En 1973, basándose en la novela de William Peter Blatty, el director William Friedkin aterrorizó a una generación entera con su interpretación de lo que sería una posesión demoníaca. La angelical Linda Blair pasó de ser una niña inocente a un demonio que aún asusta a muchos en The Exorcist. El detalle que dio el equipo de Friedkin a la transformación de Blair es impresionante aún hoy. La espeluznante voz de ultratumba, la piel llena de laceraciones, los ojos vacíos y la clásica escena en la que la cabeza le da una vuelta de 360 grados recuerdan que incluso una niña inocente puede ser escalofriante.

Por supuesto a la hora de crear semejantes transformaciones, los realizadores se valen de efectos especiales y maquillaje para dar al espectador lo que está esperando. Con An American Werewolf in London (1981), el equipo técnico de la película tuvo el placer de lucirse y mostrar con gran detalle la lenta y dolorosa transformación de David Kessler (interpretado por David Naughton) en un lobo. Si uno repite la escena hoy en día es impresionante ver cómo las manos de Kessler se ensanchan lentamente, mientras el pelo le va creciendo de la espalda y su boca se convierte en un hocico lleno de agudos colmillos. Al final, a pesar de que hemos visto como se ha transformado, paso por paso, Naughton queda irreconocible.

Pero no solamente han sido los humanos las víctimas de cambios en las películas. Animales, cosas e incluso seres de otros planetas han estado del repertorio de Hollywood para su incansable sed de transformaciones. En 1984, el director Joe Dante de mano del guionista Chris Colombus quiso mostrar que hay mascotas a las que es mejor no mojar ni alimentar después de la medianoche: Los Gremlins (1984) eran seres tiernos hasta que una de esas reglas se rompía y se convertían en seres asesinos que buscaban destruir todo a su paso. A pesar de ser una película divertida, Gremlins cumplía con la promesa del terror de los años 80: horror, sangre y chistes flojos.

Luego de una muy seria crisis de creatividad que duró varios años en Walt Disney Animation Studios, los años 90 terminaron siendo la última gran racha de los pioneros de la animación. Y dentro de esa gran racha se encuentra la primera película de Disney en ser nominada en la categoría de Mejor Película del Año en los Premios Óscar: La Bella y la Bestia. La transformación del joven príncipe en una bestia por un hechizo y su posterior retorno a la normalidad es un momento inolvidable para las generaciones que crecieron en esa época y que aún hoy esperan a que su monstruo se convierta en príncipe.

Beauty and the Beast

Por supuesto, estos son solo algunos de los ejemplos que podemos nombrar de transformaciones. Clásicos como The Fly (1986, donde Jeff Goldblum se convertiría en un híbrido entre insecto y humano), The Thing (1982, con un extraño extraterrestre que copia la imagen del ser que mata), Terminator 2 Judgment Day (1991, en la que el androide T-1000 puede asumir la forma que quiera) o películas nuevas como Hulk (2003, donde el científico Eric Bana se transforma en el Hombre Increíble) y Transformers (2007, con autos que se convierten en robots).

The Fly

The Thing

Terminator 2

Hulk

Transformers

Lo cierto es que en el cine no hay límite para la imaginación y las transformaciones que se nos ocurran; todos los días la pantalla grande se nutre de las mutaciones que se tejen en las cabezas de guionistas y directores.