En otro cuerpo

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Un órgano amanece en un cuerpo nuevo; ya no es parte de su anterior espacio, el oxígeno y la sangre que lo mantienen funcionando provienen de otro corazón. Ahora que despierta en otro ser humano, comienza una nueva vida.

María Paula se levanta de la cama. Aún medio dormida no recuerda la cirugía de ayer, pero siente una fuerte molestia que la despierta de un golpe seco. Entre abre los ojos y mira la habitación del hospital, su madre está a su lado. Hoy comienza otra parte de su vida. La acompaña un nuevo riñón y a sus 13 años, se alegra, pero al transcurrir del día se desespera; en un ataque de tedio exacerbado se quita la sonda y los demás cables que recorren varias partes de su cuerpo. Llegan en señal de alerta algunos siquiatras y sicólogos. Conversan con ella, pero la molestia aún no se ha ido. Pasan tres días para que María Paula se sienta cómoda y ya lejos del hospital disfrute de su nuevo riñón.

´María papita´, como le dicen los niños a quienes ayuda a cuidar en vacaciones recreativas, tiene ya 15 años. Se levanta todos los días a las seis a.m. para llegar desde San Cipriano -en la calle 170-  hasta El Pañuelito, en la calle 127 con carrera 1a. Desde la carrera Séptima le espera una empinada subida hasta la Fundación Ana Restrepo del Corral. Sube despacio, sabe que se agita, que su cuerpo se cansa, pero hace caso omiso, su mente lo controla todo; las ganas de subir a uno de los barrios más marginados de Bogotá superan los miedos ajenos, como “la seguridad”, y los propios; la enfermedad que desde los 10 años tiene en la sangre: síndrome nefrótico.

El síndrome nefrótico es un trastorno renal, en el que el cuerpo no retiene proteínas en la sangre, sino en la orina, lo que deriva en la perdida de la función renal y en fallas en el sistema endocrino, que dificultan el crecimiento de la persona. El síndrome predomina en los adultos con una proporción de 26 a 1, pero en el caso de María Paula la afectó a muy temprana edad.

La espera 

Frente al mar, con el sonido de las olas, jugueteando y en medio de las vacaciones que más le gustan a María Paula; en la playa, su garganta le empezó a doler. Al regresar a Bogotá comenzó a hincharse; primero los pies, luego su cuerpo, su cara. El lunes en Bogotá se alistó y fue a urgencias con su mamá. En dos semanas le confirmaron el diagnóstico; sufría de síndrome nefrótico. Su cuerpo no iba a funcionar bien hasta que se hiciera un trasplante y en septiembre del 2009 entró en lista de espera.

Esperar un riñón para muchos adultos es difícil: se ponen irritables, pierden las esperanzas, pero María Paula nunca cambió. “Su sonrisa gigante y contagiosa siguió siendo la misma y no es que  ella sea especial, sino que asume todos los días como vienen”, dice Gonzalo Barón, el Padre que conoce a `María papita´ desde los seis años, cuando ella comenzó como acólita en la Iglesia y con quien después participaría en el trabajo social con la comunidad del barrio San Cipriano. El Padre -que ella admira, “por buena persona”- fue trasladado a El Pañuelito, a donde la joven y sus dos mejores amigos lo siguieron para seguir su compromiso social en un barrio en el que conocen gente “más bonita y más difícil”, como dice María Paula. 

Antes del diagnóstico médico, ´María papita´ estuvo en Sídney, Australia, en la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa Benedicto XVI; un encuentro inolvidable que le recuerda que su vocación es ayudar a los demás. Además del trabajo social ella toca el violín en la Orquesta Sinfónica de Bogotá e, impresionantemente, jamás bajó su promedio entre las diez mejores en el colegio.

17 de enero

El día del cumpleaños de su mamá, María Paula recibió una llamada para que se alistara y fuera a la Clínica Reina Sofía porque había la posibilidad de un trasplante. Otra vida se había terminado. Un hombre de 30 años falleció en Ibagué en un accidente de moto; dos niños recibirían sus riñones. Tres vidas cambiaban drásticamente; María Paula recibía un nuevo órgano y después de la incomodidad de la operación y el proceso de recuperación, la felicidad de que su salud mejorara lo cambió todo. Cada 17 de enero celebra un nuevo cumpleaños y todos los días pide por el alma de la mujer que le dio una nueva oportunidad de crecer sana.

Su organismo comenzó atacando el nuevo órgano; enzimas que no reconocen el nuevo intruso; la persona siente en su cuerpo y mente miles de cambios. Las medicinas para engañar al organismo -y que este no ataque al nuevo órgano- en el caso de `María papita` no fueron efectivas hasta después de varios meses. Los inmunosupresores y medicinas para la tensión y la gastritis también acompañan al individuo con su nuevo órgano.

Ser feliz y mantenerse en movimiento; son las dos cosas que más le importan a María Paula. Su cuerpo ha aceptado en un 99 por ciento el riñón y ella continúa impasible, juega en su finca en Anolaima; escala árboles, observa los colores de los pájaros o disfruta simplemente del silencio. El mar también la volvió a recibir, regresó transformada; más fuerte.

¿Qué significa tener un órgano de otra persona en tu cuerpo? “No lo sé. Me dio otra vida. Yo lo palpo, lo siento, está más duro, ahí está”, dice ella. No hay una respuesta concreta es un aliento de vida, es un cambio físico y mental; algunos le hablan al nuevo órgano, otros le celebran un cumpleaños, hay quienes incluso le ponen un nombre, miles de variables pero algo en común;  todos lo sienten como el comienzo de una segunda vida.