Antes muerta que offline

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  • Ilustración: Pilar Berrío

Antes, escribía a mano una carta y la enviaba por correo; ahora, escribo un e-mail. Antes, salía a jugar tenis con un amigo; ahora, juego Kinect sola en mi casa. Antes, me reunía con varias personas a contar historias, echar chistes o hablar carreta; ahora, twitteo todo el día. Antes, tomaba fotos, las mandaba a revelar y se las mostraba a la visita; ahora, las cargo a Facebook y espero que otros le den “like”.

Para quienes les gusta el cambio, la comodidad y dejar volar la imaginación, la invasión de la tecnología en nuestras vidas representa el estado ideal para concebir la cotidianidad. En cambio, quienes viven por ahí nostálgicos, yendo en contra de la corriente tecnológica y criticando a los nuevos “zombies” (aquellos adictos a algún dispositivo electrónico) insisten en que la ficción superó a la realidad y que los placeres más pequeños se perdieron para siempre.

Lo cierto es que la globalización, la inmediatez, los cambios tecnológicos y el fácil acceso a miles de posibilidades de interacción, conocimiento y diversión han hecho que las relaciones humanas se tejan sobre otros escenarios, bajo diferentes parámetros y con placeres y sabores distintos, amargos para unos y dulces para otros.

Según el psiquiatra Álvaro Franco, la forma en que nos comunicamos ha cambiado de múltiples maneras, “en aspectos positivos como la rapidez, la eficacia y el fortalecimiento de las relaciones sociales; y en temas negativos como tener que continuar trabajando cuando se llega a casa y luchar fuertemente para seguir teniendo tiempo para los contactos reales -no virtuales”.

El doctor Franco resalta que esta nueva dinámica de relacionamiento favorece sin duda a las personas tímidas, gracias a que “ya no tienen que poner la cara sino simplemente escribir virtualmente, teniendo más oportunidades para concretar citas, por ejemplo”.

 

Conectados hasta el tuétano

Vivimos la era de la conexión. ¿A qué? Al computador, Internet, redes sociales, chat de BlackBerry, WhatsApp Netflix, Google… a todo. Desenchufarse -por situaciones externas como caída de la señal o pérdida del dispositivo- se vuelve una situación crítica para muchos, mientras que para otros representa un respiro de vuelta a la “realidad”.

El experto el tecnología Víctor Solano asegura que las tecnologías de la información y comunicaciones, TIC, “nos han permitido entrar en una paradoja: a más dispositivos de comunicación, más incertidumbre tenemos sobre si realmente nos comunicamos. Para unos, la tecnología logra acortar distancias; para otros, con más artefactos, más aislamiento”.

¿En dónde está el secreto? En mantener el equilibrio, lógicamente. Esta nueva revolución de la comunicación indiscutiblemente es más poderosa y masiva que las demás, pues ahora la tecnología está al alcance de todos, sin límites 24-7. Nunca antes la imprenta, los libros ni las telecomunicaciones habían logrado penetrar al máximo la vida de tantas personas a la vez. Hoy el enamoramiento hacia la tecnología es tal que una señora de 90 años siente curiosidad por usar un PC de la misma forma en que a un niño de cinco años le dan clases obligatorias de computación en su colegio.

El doctor Franco asegura que hoy en día los niños tienen una mejor coordinación oculomotora (ojo-mano) y desarrollan un pensamiento estratégico gracias a los avances tecnológicos, a diferencia de aquellos que tuvieron la misma edad hace una década o más.

Pero también se estimulará más la imaginación; en palabras de Solano será la creadora de “nuevas formas de lectura, aprendizaje, escritura y de relacionamiento”; propiciará la práctica de conversar a través de una pantalla con el mundo exterior (más tablets, laptops y smartphones; menos papel); y la posibilidad de opinar sobre un millón de cosas sin necesidad de gritar.

Ante este inminente cambio, Víctor Solano agrega que “las personas van a sentir que se 'conocen' por tener una filiación a través de las redes que comparten. Y parcialmente será cierto que el concepto de 'conocimiento' del otro irá mutando”. Si antes uno contaba los amigos con los dedos de las manos y de los pies, ahora se acostumbrarán a contar de a centenas según la red social.

Quiéranlo o no, la vida online es mucho más democrática, acerca a las personas de todos los continentes, fomenta la opinión pública y le da un lugar a cada quien en un mar de posibilidades, todas respetables y valiosas. Las nuevas generaciones conectadas aprenderán el verdadero significado de la palabra “compartir”.