Me cansé de la revolución

Escrito por 
  • Ilustración: Samara Bandini

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Era la primera vez que salían. Ella llevaba año y medio sola y estaba aburrida de sentirse de tumbo en tumbo, cansada de besar sapos y un poco desilusionada del amor. Él, acaba de romper una relación con una mujer que le había roto el corazón. 

E.ran, literalmente, el hambre con las ganas de comer. Ella soledad, el despecho, ambos en la búsqueda de algo que pusiera fin a los domingos lluviosos de desasosiego. Salieron porque Juan y Mariana, una pareja que los conocía a ambos había insistido mucho y aunque ninguno de los dos quería en un principio, cuando se vieron, pasó algo que no se consigue fácilmente. Hubo magia. Chispas. Una buena conversación  acompañada de unas copas de vino, muchas risas, conexión, afinidad, de pronto un baile, un beso… Por un momento no se sintieron perdidos en el mundo. Encontraron un ancla, un lugar seguro, ese momento jovial en el que alguien grita: “tierra a la vista”. Las horas fueron pasando, la noche se fue acabando, era el momento de llevarla a su casa y entonces él le preguntó: “¿puedo seguir? No va a pasar nada que no quieras que pase”. El eterno dilema: Sexo en la primera cita… ¿Sí o no?

Las cartas están sobre la mesa, el hombre ha hecho la propuesta y es  labor femenina, disponer. Ella puede decidir si seguir su instinto y saciar sus ganas, o tomar una decisión más racional. ¿Qué debe hacer? ¿Ponerle fin a su verano? ¿Probar si este sí resulta ser el príncipe azul? Pues déjeme decirle querido lector, que cómo soy yo la que está escribiendo este artículo,  hoy, a mis 29 años, con mi visión de mundo de  mujer heterosexual, educada y  más bien acomodada viviendo en Bogotá, gracias a lo que me ha enseñado la vida, tengo claro que la respuesta adecuada para una dama es: NO.

Si esto lo hubiera escrito hace unos años, seguramente habría pensado que una opción válida es que diera el sí. Incluso no me habría escandalizado la idea de que ella fuera la que hiciera la propuesta. Favor no confundir. No es que esta fuera mi manera de actuar, sino que defendía a capa y espada la liberación femenina y estaba  convencida de pertenecer a una generación totalmente igualitaria. Crecí sintiendo que los hombres y las mujeres tenemos los mismos derechos, oportunidades, capacidades y poder de decisión. Pero con los años he ido desaprendiendo. Primero porque en la práctica la realidad es otra, (¿o acaso  implica lo mismo que un hombre se acueste con una mujer en la primera cita, a que ella decida hacerlo?). Segundo, porque me he cansado. En la teoría, la liberación es muy bella, pero en la realidad, es muy duro perseguir ese ideal.

Desde que nos ´liberamos´ nos exigimos ser súper mujeres: trabajadoras, amas de casa, económicamente sólidas y hacendosas. Muchas son mamás, ejecutivas, cocineras, esposas… todo esto a la vez y manteniéndose hermosas, pues nada peor que una mujer descuidada. En el momento en el que dimos el grito de independencia complicamos nuestra existencia. Las ´feministas´ hemos espantado a los hombres que abren la puerta, que quieren proteger a su pareja y cuya misión era ser el proveedor del hogar. En nuestro afán soberbio del “Yo puedo”, nos hemos vuelto esclavas de nosotras mismas. Todo esto es un mundo que sigue siendo machista, y dónde llamamos “perra”, “zorra” y todo el reino animal, a la que tenga comportamientos sexuales que se consideren libertinos.

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La revolución femenina trajo consigo una transformación radical en las expectativas y las aspiraciones de las mujeres que es bien visible en el  progreso educativo y en la irrupción masiva en la vida laboral. Pero en nuestra sexualidad, la liberación no ha sido tan abierta. Se generó un cambio con el uso de anticonceptivos modernos, pero para la gran mayoría de hombres, -y de mujeres-  las que valen la pena son ´las que se hacen respetar´(alguna abuela aconsejaría: mija, hágase desear). Lo cierto es que se aprecia más, lo que es difícil de alcanzar.Para mi, se nos fue la mano. Claro que somos capaces de hacerlo todo, pero vivimos agotadas. Hemos sido ingenuas al pretender emanciparnos queriendo imitarlos a ellos, porque ellos nunca han querido imitarnos a nosotras. No se trata de devolvernos en el tiempo y desconocer el camino recorrido, entregar los diplomas, renunciar al trabajo y tener como única prioridad el hogar, los niños y la comidita caliente para el marido. No. Se trata de construir una nueva revolución donde haya un equilibrio. Donde si nosotras somos las que damos a luz, que ellos sean los encargados, por ejemplo, de pagarla. O si ella es la que mantiene económicamente el hogar, que él mantenga el orden. Abajo la liberación que tantas familias rotas y mujeres solitarias ha traído. ¡Que empiece la era de la complementación!.

 

 

Datos sobre la liberación:

Según el DANE, la participación de la mujer en la vida laboral en Colombia, representaba hace 25 años el 25%. Al año 2010,  la participación femenina era del 52.7% frente a un 74.7%.

Curiosamente al mismo año, el 57.4% de la población profesional era femenina, frente a un 42.6%.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dijo en  el 2010 que en la comparación de hombres y mujeres del mismo nivel educativo, ellos ganan 17% más que las mujeres en América Latina. Peor es aún el panorama en Colombia. Según las estadísticas del último trimestre de 2010 del DANE, la brecha salarial  en el país es del 22%

Es decir que por un puesto de gerente, en el que a un hombre le pagaran 10 millones, una mujer recibiría 7`800.000. La diferencia de 2´200.000 alcanzaría fácilmente para la pensión de un colegio como el Anglo o el Nueva Granada con transporte y alimentación, o para un iphone 4S de 32 GB y un par de zapatos  (objeto de deseo de muchas que no tenemos hijos).

Un estudio hecho por el Observatorio Laboral de Profesionales del Ministerio deTrabajo en el 2008, arrojó que una de las razones por la cual las mujeres ganan menos, es porque piden más permisos, muchos relacionados a sus hijos. cierre

Nota: Isabel Salazar es periodista de W radio y presentadora de Citytv y Telmex. Encuentre su blog, Se Busca Novio en Soho.com.co.