Reinvención de la belleza

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Reinvención

Llamo a una amiga y me dice: “Hola, belleza”. Al colgar voy hasta la casa de mi tía. Mi primo duerme, a pesar de que son las tres de la tarde. Mi tía, caleña, le escupe, al verlo sin camisa, recién despierto: “No, pero qué belleza”. 

Mi mamá está con ella. Regañándome, me insiste que en lugar de quedarme “con la belleza de mi primo”, la acompañe al salón de belleza.

Veo una revista sobre una de las mesas de vidrio donde se reflejan los secadores, los cepillos y las pinzas. La abro y descubro una propaganda de vestidos de baño: recuerdo valores como armonía y proporción. Los pelos caen del techo como copos de nieve, qué más da. Me recuesto en la silla de cuero y evito mirar al espejo. En una portadilla leo: Especial: la gente más bella de Colombia.       

Primer titular: La bella a la que se le fue la mano: Alejandra Azcarate pide perdón por insultar a las gordas, pero se justifica diciendo que ella también fue gorda. Sofía Vergara, la nueva bomba sexual latina en Estados Unidos, la revista dice que, a sus cuarenta años, le queda poco tiempo de belleza. Matrimonio de bellos, El hermano menor de un presidente (bastante feo) se casa con una de las más bellas samarias (un ranking amañado, sin duda). La bella y el bello se separan: Tom Cruise no puede con la belleza femenina, sugiere el rumor: no ha sido capaz de patear el clóset. Unas diosas olímpicas muestran su lado sexy y talentoso. Tras cuatro artículos seguidos con el apelativo “Diosas”, regreso a otra portadilla y descubro que estoy en el territorio cenagoso de las Diosas Made in Colombia, un título que al decir de mi tía es “Una belleza, ¿no?”. ¿O todas las diosas son bellas? En un aviso me espanto con Ricardo Arjona arropado con una frase con la que se anuncia su concierto: El amor es la belleza que se nutre de tristeza, y al final siempre se va….  Comienzo a desesperarme. Entonces aparece un aviso de una página que me hace ilusión: La belleza está en el interior. Al bajar la mirada me encuentro con un muslo de un hombre y unos calzoncillos blancos que ajustan un abultado paquete.    

Luego vienen las sociales, esas páginas que solo le importan a los dueños de las revistas, y donde se suele abusar de la palabra belleza. Bellos juegan póker, celebran la Independencia, van a las fiestas de San Pedro, a bodas, a bares famosos, juegan golf, o polo, van a conciertos de rancheras —pero a zona VIP—, despiden a diplomáticos, aplauden a senadores, se asolean en islas privadas —que son del Estado—,  hacen pic-nics, se gradúan de colegios donde se paga la pensión en dólares, se casan con un pariente lejano de la princesa de Mónaco, llegan a la primera ronda de un torneo internacional de tenis, asisten a lanzamientos de productos… ¡de belleza!.  

Salgo de la peluquería con mi mamá. Le digo que quedó “hecha una belleza”.

Comienzo a pensar en mi fórmula para reinventar el uso de la palabra belleza. Lo mejor sería cambiarla por otra palabra, un sinónimo, que acabe de una vez por todas con su uso abusivo. ¿Y si le prohibiéramos a los periodistas de las revistas –y a mi tía y a mi amiga—usar la palabra y las obligáramos a aplicar una palabra similar, cómo sería la vida?       

Llamo a mi amiga: “Hola, churro”, me dice –no tiene remedio—. Llego a la casa de mi tía y suelta: “el adonis de su primo no se ha levantado”, pero cuando lo tiene detrás sin camisa le espeta: “no, pero qué apostura”. Luego mi mamá me insiste que no “me quede con el bonito de mi primo”, que la acompañe al “salón de estética”. Una familia con relaciones peligrosas. 

Llego a la peluquería y abro la revista: Alejandra Azcarate La maja a la que se le fue la mano, insiste que padeció de sobrepeso y que nunca quiso insultar a las gordas sino a las personas que padecen de obesidad mórbida. Después, Sofía Vergara, La más espléndida de las latinas en Estados Unidos, tendrá pocos años de primor… antes de perder su inusitado éxito. Tom Cruise No pude con la nobleza femenina: me decidí por la apostura masculina. El hermano de un presidente se casa con una sugerente samaria. Ricardo Arjona: El amor es un bien parecido que se nutre de tristeza, y al final siempre se va….  En las sociales solo hay fotos en las que no se entienden algunos textos. Los sinónimos se han agotado aunque las fotos son las mismas: los #&/!?% juegan póker, y hacen las mismas cosas de siempre. Ah, y el anuncio de calzoncillos muestra a un hombre completamente vestido con la leyenda: Lo bello siempre es pequeño, lo grande: sublime. cierre

Nota: Juan David Correa es editor de Peregrino Ediciones, columnista de El Espectador. Estudió literatura en la Universidad de los Andes y ha publicado los libros: El barro y el silencio y Todo pasa pronto, entre otros títulos.