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Por los siglos de los siglos….Crecimos en una sociedad que piensa que todo lo que ve  está a su disposición. 

Si bien nos da risa ver cómo hace siglos pensaban que el universo giraba en torno a la Tierra, nos sigue pareciendo normal que el planeta entero esté disponible para satisfacernos como especie sin considerar sus límites y ritmos de renovación.

En búsqueda de la perfección y ese afán que tenemos de ser inmortales empezamos a construir materiales con propiedades que propenden  a que sean indestructibles, materiales que duran más que nuestra vida, a veces dos vidas nuestras, e incluso ocho. Construimos materiales que repelen todo: anti-olor, anti-fuego, anti-hongo, anti-bacterias, anti-fluidos, anti-suciedad, anti-UV, y es así como se vuelven también anti-biodegradables.

Tan rápido como va la vida en estas últimas décadas, hemos tenido que tomar conciencia de  lo frágiles que somos y de la necesidad de aprender a vivir de la mano con el medio en el que nos encontramos: Planeta tierra. La sobrevivencia como especie humana ya no radica en podernos reproducir (ese es un tema superado y tal vez la sobrepoblación es GRAN parte de este problema en el que estamos metidos hoy) sino, en nuestra habilidad para no ahogarnos y auto destruirnos con las cosas que cotidianamente hacemos, producimos y consumimos. Entonces hemos vuelto nuestra mirada a la tradición, a la sabiduría popular, hacia épocas más sostenibles, épocas (que a algunos todavía nos tocó) en las cuales éramos orgánicos de hecho. 

Hay bastantes formas de minimizar el impacto ambiental desde la industria de la moda (reúso, empleo de energías limpias de producción, reciclaje, etc…), pero existe una opción muy interesante y a la vez un reto, en la cual me quiero concentrar y son las materias primas de origen orgánico. Entre los más frecuentes se encuentran  por una parte lanas vírgenes (alpaca, cashmere, de oveja, etc…) y tejidos (por ejemplo la seda) provenientes de animales, a quienes se les da un buen trato. Y por otro, los de origen vegetal tales como: bambú, yute, coco, lyocell, soya, piña, maíz, lino y  algodón orgánico, que es el más presente en la industria.

Debemos entender que en términos amigables con el medio ambiente lo ideal es emplear materiales locales para no pecar y rezar solo por cumplir con el requisito orgánico. También es importante aclarar que eco amigable no implica que sea orgánico. Demos  entonces una mirada local a  las iniciativas que tienen una intención orgánica en sus productos.

En Santander, exactamente en Charalá,  encontramos a Textiles de Algodón de Charalá, empresa conformada por mujeres de la región, quienes participan en todo el proceso: recolección, hilado, teñido, tejido y confección. Ellas producen de una manera sostenible camisas de algodón orgánico. “Es un reto cultivar en este momento algodón orgánico, por el cambio de climas. Es un trabajo muy bonito y laborioso” Dice Samila Cifuentes, quien hasta hace un par de años cultivaba algodón orgánico en la Sierra Nevada.

Los materiales 100 por ciento orgánicos en Colombia aún no se encuentran en el mercado, es por ello que rescatamos tres empresas en Bogotá que están en la búsqueda y trabajan en ello. Una de estas es Vegetariano Diseño Sostenible, una  empresa de zapatos ecológicos, cuyo eslogan es: Ponte en los zapatos del planeta. En esta propuesta, se presenta como alternativa diferente al cuero animal, fibras de fique y algodón orgánico (tejidas por indígenas de Santander), neumáticos reutilizados, fragmentos de botellas PET  reusadas y una novedosa suela de césped y caucho vegetal desarrollada por la empresa. Diversidad de materiales que responden a aspectos de comodidad, durabilidad, resistencia y biodegradabilidad. Todo acompañado por una excelente manufactura, buen diseño y un  interesante proyecto social.  Realmente vale la pena darle un ojo a esta empresa.  Cómo dice su fundador  Jasson Cuartas: “sigue y las miras, no muerden, son vegetarianas”.

Otro caso de este tipo de marcas en el país es la de Alejandra Ordoñez de San Juan  de Pasto, radicada en Bogotá, y quien es la creadora de Waira. Inspirada en los saberes tradicionales nariñenses,  esta diseñadora busca por medio de la Palma de Iraca crear líneas de productos diferentes y con carácter social. Esta es una  palma natural utilizada en la población de Sandoná ubicada en las faldas del Volcán Galeras donde parte de su economía se debe a la venta de productos tejidos con la misma fibra. El resultado: accesorios ecoamigables con alto nivel estético.

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También en Bogotá, se encuentra una empresa que busca minimizar el impacto al medio ambiente desde su operación. Destaco mi empresa, bajo la marca Nixa Sierra -reconocida, sobretodo, por sus productos de marroquinería con materiales de reúso- cuenta con la línea Uniendo Puntos, elaborada a partir de lana virgen de oveja, recolectada, hilada, tinturada vegetalmente y tejida por artesanos de Cundinamarca y Boyacá, como resultado de investigar posibilidades de producir textiles orgánicos en la región. No solamente se destaca el trabajo con material orgánico, sino también la intención de emplear energía limpia de producción, como lo es la energía humana. Nixa Sierra es una empresa que se define como un piñón, ya que articula conocimientos, investigación, diseño,  y procesos en pro del medio ambiente y tiene abiertas sus puertas a proyectos que se quieran vincular de alguna manera (conozcan más del proyecto en).

En este mundo de puertas abiertas y TLCs, las certificaciones y los sellos orgánicos se han empezado a  usar como barreras comerciales para filtrar de alguna manera los productos que entran a los países y proteger el mercado local. Es el caso de Japón que tiene un proceso de importación de productos increíblemente sencillo, pero como requisito tiene una extensa lista de sellos verdes para cumplir como requisito de ingreso al mercado japonés.

Ya que estamos en el tema de volver a las raíces, porqué no volver a creer en la palabra. No es necesario mostrar un costoso certificado como si fuera la estrellita en la frente que ponía la profesora en el jardín para que podamos confiar y apoyar estas iniciativas, que calladamente han estado trabajando en el tema y de una manera ética trabajan por el bienestar de todos para que por los siglos de los siglos sigamos habitando este planeta. cierre

Nota: Nixa Sierra es diseñadora industrial y tiene su propia marca de productos. Nixa Sierra mide cada centímetro de cartón, cuero sintético, agujas y hasta hilos, están medidos para que en producción nada se deseche. La manía de Nixa de no desperdiciar y reciclar objetos la persigue a toda hora.