El bolígrafo simpático

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Escribir a mano como psicoterapia. Escribir a mano como terapia ocupacional. Escribir a mano como terapia a secas. Desde hace 35 años escribo a mano todos los días. Lo hago para apaciguar mi espíritu ansioso. Lo hago para pensar mejor. Lo hago para dudar, para tartamudear sobre el papel sin que los lectores se den cuenta.


Para darle vueltas a cada idea, a cada frase, a cada palabra. Para pensar otra vez todo mientras lo estoy pasando en limpio. Para demorarme. (Que lo diga la editora de esta revista, que espera desde hace días por esta sola página).

La persistencia en ese método me ha regalado dos objetos que me acompañan desde siempre: el lapicero y el cuaderno. Probé durante todos estos años incontables cuadernos y libretas –Norma, Kimberly, Ricardo Corazón de Papel, etcétera– hasta que comenzaron a comercializar en Colombia los de marca Moleskine, y me quedé con ellos. Pero desde que tenía 8 o 9 años siempre he usado el mismo instrumento de escritura: un bolígrafo. Particularmente, el humilde Kilométrico. “El bolígrafo simpático, a precio milimétrico”.

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Será que no quiero alejarme del todo de la infancia. En su “Anatomía del cuaderno”, el escritor mexicano Vicente Quirarte dice que “Sólo el escritor continúa haciendo tareas –a veces no pedidas– con los mismos instrumentos que en la niñez”. Doy fe. ¿Acaso no se acuerdan ya? Abrir un cuaderno sin uso, sus hojas blancas o amarillas nuevecitas, su olor a madera lejana, a goma. Y el esfero sin un mordisco –sin huella de dudas–, con la tapa firme, con la tinta que se niega a salir al comienzo como si le costara arrancar sin calistenia, pero que una vez empieza ya nunca para hasta morir cumpliendo con su deber. El de uno con su Kilométrico es un matrimonio a la vieja usanza: hasta que la muerte los separe.

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El de tapa triangular, el de siempre, se llama Kilométrico Plus. El retráctil delgado se llama Kilométrico RT. El gordito también retráctil con refuerzo de goma –el que prefiero– se llama Extreme. Hay que saber que el borrable no es bueno, que no borra sino que mancha y rasguña el papel dándole una apariencia desagradable. El primo hermano del Kilométrico es el Alegro, delgado y triangular, que no dura tanto y viene en tintas de colores absurdos. “Hay entre otras, tres clases de mal gusto: el de quien escribe con tinta verde, con tinta morada y con roja”, dijo Juan Ramón Jiménez. 

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Me gusta como suena la descripción del Kilométrico Plus en la página de Sanford Brands, la propietaria de la compañía productora, Paper Mate: “Punta plateada de máxima calidad. Fácil de portar en cualquier bolsillo, gracias al clip incluído [sic] en su tapa. Tintas importadas tropicalizadas de alta calidad que no manchan. Más de 1.200 metros de escritura”. Punto. Así es el Kilométrico, recio, firme, fiel. Vinimos fue a trabajar, compañero, nada de maricaditas como pedir repuestos, recargas o papel secante. 

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Ya no sé si se lo leí a alguien, lo oí o lo pensé: en Word todo se ve tan prolijo que parece bueno. A mí me gusta que quede constancia del esfuerzo. Ver el lado de atrás de la cortina. Me recuerda que cada palabra que escribo no sale del aire y no es la primera que vino, sino que fue escogida después de repasar unas cuantas más. Que la escribí con tinta. Y esta palabra, tinta, trae aparejada otra palabra hermosa, que se usa casi con ninguna otra y que quizá por eso mismo, vaya paradoja, desaparezca: indeleble.

El esfero y el cuaderno con los que escribo a mano, un poco inclinado, me llevan a considerar la escritura como una actividad manual que me apacigua. Que me permite pensar mejor, dedicar más tiempo a lo que escribo. Y ahí ha estado siempre ese amigo firme y dispuesto para consignar mis dudas y mis certezas. El Kilométrico. 

Nota: Camilo Jiménez es editor y ha colaborado en distintos medios como Arcadia y la revista El Malpensante. Fue profesor de comunicación social en la Universidad Javeriana y fue famoso por su renuncia a la cátedra cuando varios de sus estudiantes no pudieron escribir un párrafo sin errores. Encuentre más de sus textos en su blog: elojoenlapaja.blogspot.com. @bocasdeceniza.


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