El negro va por dentro

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Elegante y sofisticado. Ese es el negro que vende. El malvado, triste y oscuro, es el de las prejuicios, tradiciones y cultos. El de las chaquetas de cuero, es el de los rockeros o los sadomasoquistas. Y el negro de la piel de los seres humanos, apenas un color más. Pero debe haber otro, subjetivo, verdadero.

Hace unos días, varios transformadores de energía estallaron al unísono por algún error de pirotécnica en la grabación de una novela en la calle del frente de mi apartamento. Se fue la luz, eran las 10 de la noche y mi instinto fue salir a ver qué había pasado. A pesar de las recomendaciones en contra, el negro absoluto en que quedó la zona me hizo dirigirme a donde hubiera gente, tanto por prevención como por algo de miedo a estar solo por ahí. 

Puedo decir con certeza que fue la oscuridad la que me acercó a personas con las que jamás hubiera cruzado palabra, así fueran mis vecinos y me obligó a socializar en un espacio cada vez más olvidado de la interacción humana: la realidad. El negro de esa oscuridad total me hizo volver a sentir humano, vulnerable, primitivo. La palabra clave fue sentir: no tuve que interpretar nada de lo que estaba pasando. 

Así también, sin mucho esfuerzo, el negro es el color que percibimos del universo cuando llega la penumbra; el que solo se deja ver cuando cerramos los ojos -ese que nos pertenece-; y cuando se va la luz es el único que pinta la oscuridad. 

Tal vez son este tipo de experiencias humanas -miedos y fascinaciones- el punto de partida de las construcciones históricas, sociales, sicológicas y culturales basadas en el. 

Un negro sofisticado 

Si existe un color con significados solemnes y sombríos a la par, es este -así no lo sea en el sentido estricto de la palabra: es un absorbedor del color, de luz-. Los simbolismos que se le atribuyen en todas las culturas van desde lo supersticioso hasta lo superficial y mercantil, pasando por lo puramente científico, o por lo ridículo. 

Así como se utiliza para expresar pena, luto y respeto por la muerte, también ha sido usado por matones como símbolo de poder. Los fascistas de comienzos del siglo XX en Europa se debían ver intimidantes y a la vez perversamente elegantes con sus banderas y uniformes negros, así como los miembros de la infame Waffen-SS (escuadrones de protección Nazi). 

Para los antiguos egipcios, significaba la fertilidad del suelo de la cuenca del río Nilo -la tierra- y los griegos lo utilizaban en orfebrería y cerámica para resaltar otros colores y formas humanas. Para los romanos, fue símbolo de lujo y en la Edad Media el de brujas y demonios. Hoy en día sigue siendo el color de las sotanas de los sacerdotes católicos. 

Pero al perder la exclusividad del rito o de las costumbres, gracias a la moda, la música y el mercadeo, el negro ha adquirido otra serie de cualidades que son hoy en día más apreciadas: sofisticación, sensualidad, elegancia o rebeldía. Sobre todo en su uso personal, el negro es un lugar común, gracias al cine, la moda y la publicidad. 

Claro, depende de quien lo lleve puesto. Para los pasados de kilos -decir ‘gordos’ es ya demasiado políticamente incorrecto por culpa de una vieja inmamable que siempre viste de negro- es un buen aliado a la hora de vestir. Como con la belleza, todo con este bendito color depende del ojo y del marrano, literalmente. 

O del objeto que lo tenga pintado. No es lo mismo un Ipad negro que cualquier cosa de ese color que se haya hecho para Windows. Sin embargo, hace un par de años la compañía de computadores Acer decidió pintar de negro su línea de escritorio Aspire y estos fueron un éxito inmediato. Un simple cambio de paradigma de color convirtió a estos aparatos, apenas regulares y sosos, en los más vendidos, reconocidos, y sofisticados del mercado. 

X es el nuevo negro 

Hace poco, en 2008, un científico gringo de origen indio: Pulickel Ajayan confirmó haber creado junto a su equipo del Rensselaer Polytechnic Institute de Troya, Nueva York (EE.UU), la sustancia más negra del mundo, capaz de absorber más del 99 por ciento de la luz, la luz ultravioleta y ciertas radiaciones electromagnéticas.

¡Qué más da! Cuando pienso en el negro, no pienso en tradiciones, modas u ondas. Creo más en el negro de la noche, en el negro vacío de la tristeza y la frustración degenerada en depresión y desesperanza. En el del miedo a la muerte. Incluso creo en color negro que debe tener la guerra, como escribió Christopher Hitchens. Pero eso es tema para un artículo de otro tono, no de este color.

Nota: Andrés Elasmar  pertenece al equipo Web de Radiónica. Fue programador de rock en Javeriana Estéreo y por descuidos de varios editores ha podido colaborar en revistas como PlanB y Rolling Stone. @hellasmar