Mitos y leyendas en versión 2012

Escrito por 
  • Ilustración: Manuela Agudelo

Reinvención

La Llorona modelo 2012 está ahí, en Twitter. Se trata de Álvaro Uribe Vélez, quien ha perdido a sus hijitos que están repartidos en diversas cárceles del país o que andan prófugos de la justicia...

“Dice la leyenda”, “pues resulta que me contaron”, “andan diciendo por ahí”… ¿cuántas historias que uno oye en la calle, donde los amigos, no comienzan así? Que alguien distinto al que la cuenta supo que…  Por ejemplo: que a la gente la emburundangan, la meten en el baúl de un taxi y le sacan el hígado o un riñón; que en las alcantarillas, bajo las calles, habitan cocodrilos; que un toro que escapó no se sabe de dónde irrumpió en un edificio del centro de Bogotá y entró a un ascensor; que en diversas casas y edificios del barrio La Candelaria, en Bogotá, habitan fantasmas. O las conspiraciones a secas: que el hombre jamás pisó la Luna, que las Torres Gemelas las derribó la CIA… o el muy tradicional “las brujas no existen pero que las hay las hay”. 

Por no hablar, claro está, de las leyendas que desde el campo han llegado a la ciudad. La Patasola, El Coco, La Llorona. Leyendas del pasado que bien merecen actualizarse. 

A ratos dan ganas de reinventarse esas leyendas para enmarcarlas en la realidad de mi ciudad, que es Bogotá, o de la Colombia de nuestros días. 

Que viven lagartos terribles bajo las alcantarillas de las grandes ciudades… A juzgar por lo que se ve en el Congreso de la República, esos reptiles ya rebosaron las cañerías y desagües del sagrado recinto de la democracia y ahora reptan campantes a plena luz del día por el Salón Elíptico y demás salas y oficinas del Capitolio. Estos reptiles legislan en beneficio propio y de sus jefes inmediatos: presidentes, ex presidentes, dirigentes gremiales, finqueros, ganaderos, paracos… Son los Tiranosaurios Rex del “todo vale”. 

Los fantasmas del barrio La Candelaria, esos seres del pasado que atormentan a los habitantes del presente, ahora habitan los corredores del Palacio de Nariño y en las noches hacen chirriar las puestas y se delatan con sus pisadas. Son los fantasmas del pasado del presidente Juan Manuel Santos: el fantasma de los falsos positivos, el fantasma de los petos chiviados en la operación Jaque, y el fantasma de su pasado uribista, que tanto le estorba ahora, pero del cual no le ha sido nada fácil deshacerse. 

Dice la nueva leyenda urbana que la única manera de ver toros en la Bogotá Humana es en los ascensores. Con respecto al mito aquel de que a la gente la emburundangan para sacarle algún órgano vital, no sobra recordar que no hace falta que lo embutan a uno en el portaequipaje de un taxi para que le saquen un riñón. Se lo sacan a uno cuando llega la cuenta en los restaurantes de moda de la zona T y la zona G. Cuando paga impuestos, otro riñón. En los trámites de una sucesión, el hígado. Y así.

Dicen que las brujas no existen, pero que las hay, las hay. Pero no sólo en los relatos infantiles (la bruja mala) o en las historias del pasado. La bruja moderna también existe y a veces dan ganas de incinerarlas en una hoguera. Y es que brujas modernas hay tantas… por sólo citar el Caso Colmenares, allí abundan, aunque vaya uno a saber cuáles son las brujas y cuáles las inocentes doncellas, o si todas las implicadas son un poco de esto y otro poco de lo otro. Con tanto falso testimonio y tanto juramento en vano… Y la bruja de moda: María del Pilar Hurtado, prófuga en Panamá. 

Pero desde el campo también han llegado a la ciudad  leyendas que ameritan una revisión y la correspondiente actualización. La Llorona. Una mujer que pierde a sus hijos y, convertida en un alma en pena, los busca en vano, atormentando con su llanto a los que la oyen. 

La Llorona modelo 2012 está ahí, en Twitter. Se trata de Álvaro Uribe Vélez, quien ha perdido a sus hijitos que están repartidos en diversas cárceles del país o que andan prófugos de la justicia, y que con sus llantos tuiteros y su entorpecimiento a los actos del gobierno atormenta a todo un país. 

Del Mohán se sabe que habita en montañas, peñascos, playas de los ríos, rocas cercanas a quebradas y lagunas. Algunos lo describen como un ser musgoso, cubierto todo en pelo, con larga y abundante cabellera, ojos brillantes y uñas largas y afiladas. Luis Carlos Restrepo es el Mohán del siglo XXI. Enmarañado en su barba blanca, habita en un lugar desconocido desde donde invita a la insurrección contra las instituciones democráticas que dice defender.

El jinete sin cabeza da para hacer varias reinvenciones.  Una, la alcaldía Mayor de Bogotá, en estos últimos y caóticos años. Pero también el Polo Democrático Alternativo parece comportarse como un jinete sin cabeza. No sólo el Polo; La U, Cambio Radical, el liberalismo, qué tal los godos… Y a propósito de estos partidos, la Patasola, esa mujer hermosa que le fue infiel a su marido, por lo que éste le cortó una pierna y tras fallecer, se quedó penando en la tierra como una mujer de un solo pie, y se le aparece a los hombres infieles y los devora, podría ser la encargada de aterrorizar a los políticos tráfugas que le son infieles a sus partidos.  

Y, para cerrar, la Madremonte, deidad indígena que cuida selvas y bosques y que por ese motivo persigue a los cazadores, pescadores y aserradores de los bosques. En su versión 2012 la Madremonte representa a los indígenas, comunidades negras y movimientos ciudadanos de opinión que están alertas de las amenazas de la locomotora minera. cierre

Nota: Eduardo Arias fue  editor de cultura de la revista Semana y es colaborador de la revista SoHo, entre otros medios. Es coautor del Diccionario de la Ch y la Guía del buen estudiante vago. @Ariasvilla