Al inicio de todo

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Uno de los temas más controversiales para defender o atacar la penalización del aborto es saber cuándo comienza la vida humana, incógnita que aun no ha sido resuelta pero que cuenta con diferentes posturas. 

El hombre es un ser de partidos. De polos. De extremos incesantes que no permiten una discusión sana sobre ningún tema. Siempre hay un argumento moral que destruye toda posibilidad de ganar o ser vencido. Así es, así somos. Y el aborto no es la excepción a esta regla.

Las teorías son muchas y los expositores todavía más. El monstruo contra el incrédulo. El religioso moralista contra el intelectual desalmado. El asesino o el ser que ejerce su libre derecho. Toda en una fuerte visión de extremos. Finalmente, todos nos enfrentamos al mismo dilema que, después de tantos estudios, posturas y teorías, no ha podido ser comprobado: ¿Cuándo empieza exactamente la vida? ¿Existe un plazo para abortar sin hacer daño o convertirse en un “asesino”? ¿En qué momento está la diferencia?

Lejos de una certeza, este tema todavía hace parte de un limbo estructural importante. Ni siquiera pensando científicamente se puede escapar de esta interminable pelea porque, aunque no lo crean, el hombre ese ser que ha logrado cosas tan maravillosas como transplantes, prótesis, curas a enfermedades que parecían incurables y vacunas contra millones de otros males― aun no ha podido conciliar y asegurar en qué momento específico empieza la vida. Sin embargo, existen diferentes posturas de gran acogida.

Una de ellas es la fecundación como principio de todo. Para algunos biólogos, médicos ginecólogos, genetistas y científicos, el principio de la vida ocurre justo después de que los 23 cromosomas del espermatozoide se juntan con los 23 cromosomas del óvulo, es decir, justo después de que el óvulo es fecundado.

En esta tesis, entonces, el cigoto tiene ya el contenido de lo que va a ser una persona y esto supone un acto de vida porque cuando sucede esta unión ya se cuenta con la información genética para convertirse en el ser que nacerá en nueve meses. “Una vez fecundado el óvulo, la composición química de la membrana cambia, expide electricidad e impide la entrada a todos los otros espermatozoides. Si esto no es ya un proceso de vida entonces no sé qué lo es”, afirma el ginecólogo Camilo Méndez.

Según esto, la vida surge de inmediato, no hay espera, ni día 14 que salve al embrión al momento de un aborto. La idea de vida no solo se concibe desde el proceso biológico del nuevo ser humano, sino también desde lo que implica la posibilidad de procrear, es decir, la posibilidad de fecundación es en sí vida y frente a esto el argumento más válido se soporta en que la vida no es un acontecimiento, es un proceso continuo de desarrollo y crecimiento que bajo ninguna circunstancia debe ser interrumpido. 

La verdad que sostienen los defensores de esta postura es que no hay ninguna otra etapa o fase en la que el embrión reciba nueva información genética o una contribución que altere lo que genéticamente ya tiene. Uno de los grandes exponentes de esta postura, el profesor Jerome Lejeune, también descubridor de la causa genética del Síndrome de Down, asegura que "Ya no es una teoría el hecho de que cada uno de nosotros es un ser único. Esta demostración es tan simple como el código de supermercado, con la diferencia de que en este caso no nos indica el precio de una vida humana". 

Por otro lado está la teoría de que el conteo de días es definitivo, de que existe un periodo de tiempo entre el que existe la posibilidad de vida y en el que se engendra la misma. Con el famoso informe Warnock, expuesto en 1984, nacen conceptos nuevos que refutan la teoría de la fecundación como inicio de vida y que exponen un proceso de vida distinto. Uno de los conceptos más definitivos e importantes es el del pre-embrión que responde a que después de la fecundación existe un proceso en el cual aun no existe vida sino una posibilidad de esta.

Así pues, se explica que después de un proceso de formación de este pre-embrión proceso que dura aproximadamente 14 días se llega a la anidación, que es el seguro de un comienzo de la vida humana. Estas dos semanas son una línea que se ha trazado científicamente para explicar que el proceso vital no es inmediato y por ende abortar antes de que se constituya el germen de un cerebro y la espina dorsal no es sinónimo de asesinato.

Existen varios detractores que aseguran, incluso, que ese término de tiempo no consta de 14 sino de 7 días, y que estos términos fueron desarrollados solo para poder experimentar de manera legal con embriones tempranos.

Otra de las hipótesis, soportadas por el Nobel de Medicina y Fisiología François Jacob, es que la vida no empieza sino que continúa, porque el tema de fondo no es biológico sino filosófico. Esto, por supuesto, tiene que ver con el concepto vital y del ser, la personalidad, el alma, la manera en la que se forma un ser humano por lo que tiene a su alrededor y no solo por lo que lo compone físicamente.

La Sociedad Alemana de Ginecología afirma que “Se es hombre a partir de un determinado momento antes de nacer; pero sobre la definición de este momento no existe una opinión unitaria y se localiza en diferentes estadios evolutivos, desde la fecundación hasta la formación del cerebro y de la figura típicamente humana". Esta figura representa entonces una postura importante para las personas que ven también el transfondo filosófico de la vida, que para el Nobel era indispensable pues afirmaba que “O bien uno se interesa por el conjunto de células que es el feto, o bien uno se interesa por la madre, que es un ser humano".

En todo caso, el camino que queda por recorrer aun es largo y las diferentes posiciones frente a esto también. La coordinadora de la Red de Bioética de la Universidad Nacional de Colombia, Carmen Cardozo, explica que aunque se tengan diferentes teorías en el debate hay que tener claros los conceptos y no mezclarlos. “Lo que puede apreciarse de esta consideración es que no hay un concepto único, una verdad revelada, una evidencia tan contundente que permita evidenciar el momento irreversible de formación de un nuevo ser humano hacia la formación de un nuevo ser vital sensible e integral. Existen interpretaciones culturales, sociales, jurídicas, médicas y biológicas sobre todos estos aspectos y no existe un acuerdo universal.De allí nace el conflicto ético que cada uno de manera individual resuelve según sus propias percepciones e intereses”.

Por ahora, el terreno científico se sigue ensanchando. Las investigaciones en torno al tema aumentan y la mentalidad de la sociedad, y en específico de la mujer, va cambiando en torno a algunos conceptos y prejuicios. Sin embargo, la decisión sigue siendo individual, pero siempre está la evidencia médica y científica para analizar a la hora de tomar una decisión de este tipo.