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En portada En Colombia la tasa de desempleo en jóvenes es una de las más altas de Latinoamérica y un recién egresado tarda más de un año en firmar su primer contrato. 

“Violencia es cobrar 600 euros”, “Democracia real ¡Ya! gritaban los jóvenes el 15 de mayo de 2011 en La puerta del sol en Madrid. Estaban indignados de estar desempleados, indignados de los bajos salarios, indignados por el No futuro, indignados por el cinismo de los gobiernos, por la democracia de mentiras. Pasó lo mismo en Londres, Grecia, París, Portugal y Nueva York. Pero ¿por qué protestan los jóvenes en Colombia? ¿por el desempleo y la incertidumbre laboral del presente? Curiosamente, no. Por los altos costos y ajustes tendientes a la privatización de la educación, sí. Protestaron, debatieron y no dejaron prosperar la reforma a la educación del gobierno, se tomaron las calles para expresar su desacuerdo con el TLC y con la reforma a la justicia, pero no contra el desempleo y es un problema mayor.

Conversando con un tío bastante conservador que tengo sobre lo que pasaba con los jóvenes de Europa, él me decía intoxicado de indignación: "Son unos vagos, ahora quieren que todo se los dé el gobierno. Si no hay trabajo la gente tiene que rebuscarse, en Colombia somos así". Y yo le decía a mi tío, que es un hombre que en cuanto a política tiene orejas de pez, solo por picarlo un poco:

-Tío pero es que ahora las expectativas son diferentes, hay gente que invierte demasiado tiempo y dinero en educación y le toma uno o hasta dos años encontrar trabajo o le pagan algo ofensivo, sin extras, sin prestaciones o con la promesa de una pensión cuando tenga un pie en la tumba.

-Pero es que quieren que les regalen todo, trabajar poco…     

En Europa las quejas de los jóvenes son en contra de los costos de la educación, la falta de trabajo y las reformas pensionales. Allá el nivel de protesta es otro porque las expectativas y anhelos son diferentes. Son sociedades de primer mundo que han tenido mejores niveles de vida, buenos salarios, acceso a vivienda y salud, pero esta generación ha visto mermar todo eso y, además, tiene dificultad para encontrar un empleo acorde a su formación. En Colombia todavía está la preocupación de un conflicto armado con hechos atroces que impactan a la sociedad. Y aunque el nivel de desempleo ha disminuido, se ha mantenido en los primeros lugares de Latinoamérica por mucho tiempo, condición que influye en los altos niveles de pobreza y desigualdad. El país tiene múltiples urgencias que hacen pensar cómo en los últimos años no ha habido golpes de estado, tumbadas de presidentes, cómo esto no ha hecho un boom definitivo y caótico, en lugar de sucesivas explosiones de violencia; cómo es que no estamos indignados.   

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Calificados y varados

En Colombia hay dos factores por los cuales el desempleo en jóvenes es tan alto: uno es la poca oferta de empleos y la otra es la deficiente (no insuficiente) preparación académica. Un recién egresado puede gastarse hasta dos años pasando hojas de vida y escuchar decenas de veces un “Nosotros lo llamamos” que jamás se cumple. También, pasa que encuentra el trabajo, le pagan entre un mínimo y 800 mil pesos, le hacen un contrato de prestación de servicios, una figura infame que libera al patrón de pagar prestaciones sociales. O prefiere dedicarse al freelance y así recibe pago por proyecto realizado y le hace el quite a horarios, jefes y oficinas.  

Para ver el impacto y darle peso a lo que digo, les boto el chorrero de cifras de los estudios sobre desempleo en jóvenes. Para los jóvenes entre los 14 y 26 años la tasa de desempleo es de 20, 9 por ciento, según un informe del DANE sobre el mercado laboral de la juventud en el primer trimestre de 2012. En las mujeres es mayor, 29,0 por ciento, mientras que para los hombres es de 15, 3 por ciento.

De los jóvenes que tienen trabajo, el 39.1 por ciento está ganando $283.359 o menos y otro 27.7 por ciento gana entre este valor y un salario mínimo. Es decir, que más de la mitad de los jóvenes con empleo tienen un salario que no supera el mínimo y contando los que están desocupados, los números del DANE muestran un escenario laboral bastante triste.  

Las elecciones de los bachilleres han provocado variaciones también en las tortas y barras de las estadísticas sobre educación superior. Según el Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación de 2010, 31 por ciento de los graduados del país estudiaron programas técnicos y tecnológicos, y 24 por ciento realizaron un posgrado, sin incluir el SENA. En los últimos 10 años se titularon el doble de especialistas que en las cuatro décadas anteriores. También se disparó en los últimos años, el número de graduandos de maestrías y doctorados. ¡Fenomenal!, el crecimiento acelerado de los recientes años de jóvenes que se gradúan muestra el avance en materia de acceso.

¿Y todo ellos están felices trabajando y ahorrando para la vejez? El estudio del Ministerio indica que un técnico profesional gana en promedio $910 mil pesos. Las mujeres se gradúan más que los hombres, sobretodo de carreras universitarias y de especializaciones (54 por ciento), pero en el mercado laboral ganan menos, en promedio $1.253.000 y los hombres, $1.444.000; hay una brecha de 15 por ciento. Otro estudio de Adecco señalaba que los periodistas y psicólogos son los que más se demoran en obtener su primer contrato, hasta 13 meses y que ese primer sueldo no supera los $300 mil pesos, de los más bajos entre todos los profesionales.

Colombia pierde talento

Para muchos de los jóvenes profesionales cansados de estar varios meses buscando trabajo y seguir desocupados, la opción es irse del país y procurar quedarse afuera. El éxodo de profesionales es frecuente por diferentes motivos: continuar con estudios académicos, aprender otro idioma y conseguir un trabajo aunque a veces no sea correspondiente a la carrera que estudió, pero que le permite ahorrar. De los usuarios del programa de becas-crédito para estudios en el exterior de Colfuturo, casi un tercio de los estudiantes no vuelve al país.

talento

Los costos de un posgrado, una maestría o un doctorado en Europa son menores que los de las universidades colombianas, en promedio, $2.000 euros por año ($4.5 millones de pesos), mientras que en Colombia llegan a costar $15 millones de pesos. Los que consiguen trabajo como profesionales, especialmente ingenieros, tecnólogos y graduados en ciencias de la salud, se quedan definitivamente en el extranjero. Actualmente, el reconocimiento de títulos colombianos funciona en Bulgaria, Uruguay, Argentina, México, Francia y Alemania. Y está en trámite con más de 10 países entre estos España, Italia, Rusia y Estados Unidos.  

Con la crisis económica en Europa -en la que no hay trabajo ni para los jóvenes nativos- los destinos para buscar oportunidades laborales y educativas han cambiado. Canadá, Australia, Alemania y Gran Bretaña, son algunos de los países que los jóvenes colombianos tienen en mente por encima de los tradicionales como España, Estados unidos y Francia. La fuga de recursos humanos calificados se debe a que son precisamente los profesionales los que sienten que sus expectativas quedan asfixiadas por la falta de oportunidades que brinda el país.    

Argentina, México y Brasil han puesto en práctica planes para que esos cerebros fugados retornen. Estos incluyen los gastos del regreso y garantía de trabajo estable y bien pago. El primer país logró que más de 860 científicos volvieran y ayudaran al crecimiento del sector. RedEsColombia es un programa de fortalecimiento de vínculos con colombianos en el exterior  cuyo objetivo es crear redes de trabajo para que circule el conocimiento de los colombianos, sin importar su ubicación geográfica. 

Otras expectativas

meditation Para un padre colombiano, el mayor anhelo es asegurarle el diploma profesional a sus hijos; el título es importante porque, a parte de corresponder a una vocación, representa estatus social y además asegura un buen sueldo. Por lo menos, estas son las expectativas de miles de jóvenes que aspiran a vivir cómodamente de lo que disfrutan hacer. 

Es verdad que el acceso a la educación superior ha aumentado, ahora son más los que pueden enmarcar el cartoncito de profesional, lo cual es muy bueno para el desarrollo del país. El problema es cuando no hay vacantes para tanta gente y entonces aumenta el número de varados o de jóvenes maldiciendo su trabajo en un Call Center.

Comparado con el 46 por ciento de desempleo de jóvenes en España, el 20 por ciento de Colombia, no es grave, diría mi tío. Lo cierto es que hay una parte de esta generación (al resto les da igual) que está indignada y se organiza, se asocia para reclamar movida por una sensación de frustración, de tiempo perdido. Diferente a la de mi tío, hay una parte de esta generación que no aspira a pasar 20 años en el mismo puesto, a pasarse la vida rompiéndose el lomo para conseguir una casa, a tener que ver los pesos disueltos en pagos de deudas, a pensionarse a los 70. Y no es holgazanería ni ganas de paternalismo, es indignación ante gobiernos incapaces de implementar medidas para generar empleo digno, estable y justo, indignados de tener una vida sometida a la supervivencia y el rebusque. cierre