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  • Ilustración: Oscar Ospina y Alejandro Arrubla

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Manía, extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determinada, sería la acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

 

Hago cuentas con las placas de los carros y repaso mis conocimientos de historia con sus números, lo cual me quedaba más fácil antes con las placas de cuatro numerales: 1789: revolución francesa. 1873: muerte de Simón Bolívar. 1945: bombas atómicas del Japón. Ahora, con las de tres números, se me dificultó la cosa, porque al parecer no estoy al pelo en historia antigua. Y tengo que pensar y pensar para encontrar en mi cabeza alguna cosa que haya sucedido por ejemplo en el año 178. Pero ahí voy. La otra manía, debe ser una deformación profesional...me gusta formar palabras nuevas trasliterando: así, cuando leo sodio, formo también odios y donde leo león formo Noel, en un scrable infinito. Con cosa, hago asco... con casco, cocas...a veces, no es tan fácil. En Pereira había una fábrica de paños que se llamaba Omnes y de bruto me demoré como tres años en encontrar el MENOS. Tengo otras manías menos confesables, supongo, pero estas son las que más me cansan...

Eduardo Escobar
Poeta. Cofundador del movimiento Nadaísta. Autor de Cantar sin motivos y Confesión mínima, entre otras obras.

Le he echado cabeza, pero mis manías son bastante aburridas, como ahorrar agua, usar varias veces el mismo vaso desechable... De resto soy muy normalito.

Eduardo Arias

Periodista. Coautor del Diccionario de la Ch y la Guía del buen estudiante vago.

 

Necesito dormir en el lado frío de la cama. Así que cuando estoy en un lado que ya está caliente me tengo que pasar al otro, y así toda la noche.

Andrés Felipe Del castillo 

Doblar la ropa, antes de meterla en el canasto de la ropa sucia (lógico porque ocupa menos espacio).

Juan Felipe Vargas, abogado

Aún recuerdo el primer regaño que recibí por morderme los cachetes por dentro. Fue el de mi odontólogo: -¡Tiene esos cachetes por dentro vueltos mierda! Luego vino mi mamá: ¡Deje de morderse los labios, mire cómo los tiene!, luego vinieron mis amigos: ¡Se parece una vieja torciendo la jeta!, y hoy, tengo que aceptar que mi manía es andar por la calle o en cualquier lugar y de un momento a otro comenzar a morderme los labios y cachetes por dentro.  No recuerdo bien desde cuándo, pero en mi defensa y victoria debo confesar que fue antes de los hipsters, que si salgo en alguna foto apretando mis labios y moviéndolos para un lado –como quien le da un beso a sí mismo-, no es porque esté de moda tomarse fotos así para ponerlas de avatar en Twitter, sino porque es una manía que lleva conmigo años, que me ha acompañado cuando escribo, o cuando estoy nervioso, o cuando simplemente no pasa nada. 

Omar Rivera, director revistaSin pretextos

Una de las manías que tengo es escribir en un parque sola, tarde en la noche cuando estoy triste, me gusta acostarme en el pasto y mirar al cielo cuando terminó y después el sonido del viento y el frío me reconfortan. A veces pasa la gente y me mira raro. No sé si tal vez piensan que estoy borracha o algo, porque cuando puedo me quito las medias para sentir la naturaleza y solo me quedo allí, tranquila. Es lo que me desconecta del mundo y mientras los demás pasan a veces con sus perros no tienen ni idea que así como ellos me analizan yo los analizo a ellos. Sólo se escuchan pasos en el pasto, gente hablando por celular o el pito de las puertas de las porterías al abrir. De resto siento que soy solo yo. Esa es una de mis manías y de la única forma que me calmo.

Otra que realmente a veces desespera es morderme los labios. Me los muerdo mucho, casi sin darme cuenta, es como si fuera algo automático en mí y lo peor es que no sólo me los lastimo a veces, sino que muchas otras lo hago y de pronto veo que un hombre me está mirando como coqueto y de una me doy cuenta que tal vez ese hombre pensaba que me estaba mordiendo el labio por provocarlo.

Diana Yaruro, locutora Distrito FM de Onda Inpahu

 

Suspirar, suspirar y suspirar más todo el día.

Camila Díaz, artista plástica 

Cuando estoy comiendo guardo lo más rico para el final. También hago lo mismo con el jugo y no falta el avispado que cree que no me lo quiero terminar y se me adelanta.

Andrea Pérez, comunicadora social

Una de las cosas que siempre me han mortificado es cuando las personas hacen sonidos estridentes con la caja dental luego de comer maíz pira o cualquier cosa que se les quede fácilmente entre la prótesis. Curiosamente, quienes no pueden comer maíz pira porque se les queda el afrecho entre los dientes, son los que más devoran, toneladas y toneladas. Creo que mi manía es esto, mortificarme por la gente sucia, la gente que chasquea sus dientes de una forma terrible, pero como los detesto tanto, son ellos a quienes siempre me topo: hombres y mujeres que lanzan gargajos a lo lejos, que se sacan los mocos y los pegan en los tubos del Transmilenio. Todo tipo de personas que considero despreciables pero a quienes siempre he de mirar con mi más histérico odio, pero jamás he podido manifestarles en palabras mi fastidio. Tengo la manía de mirarlos mal y la manía de ser cobarde y no manifestarles esa repulsión.

Iván Hernández, periodista que le huye a la gente que come duro en los cines.

Nunca piso las alcantarillas cuando voy caminando por la calle,  porque conozco un caso de una persona que se fue a una.

María Victoria Olave, diseñadora gráfica

Creo que todos vivimos un poco de manías. Yo puedo sumar una gran colección, pero los que me conocen sabrán que cuando estoy nerviosa no puedo dejar de cogerme el pelo.  Para algunos será un hábito sencillo, pero tiene su ciencia. Tomar un mechón de mi pelo y encontrar el más grueso, para enredarlo con el pulgar. Luego tiene que quedar en la inclinación correcta para tocar mi dedo gordo y comenzar a chuzarlo. Podría pasar días enteros haciendo esto, solo que en las noches me queda imposible porque también tengo la manía de dormir con mi mano derecha sobre el cuello (es una forma de protegerme de que algún extraño entre en la noche a estrangularme).

Juana Restrepo, jefe de redacción Revista Bacánika

Sacarme las yucas del dedo gordo del pié izquierdo mientras intento dormir para fastidiar a quien duerme a mi lado.

Katherine Paulina Angel, lectora de Bacánika