Historia del tiempo

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En una carrera contra la finitud en la que no alcanzan las horas y no alcanza la vida, el hombre se ha apropiado del tiempo a través de la religión, la ciencia, la filosofía y lo ha representado en el arte y la cultura.

Tiempo irreversible, tiempo aplastante, tiempo agobiante, tiempo universo, tiempo malgastado, tiempo incontrolable, tiempo línea, tiempo espiral, tiempo río, tiempo grieta, tiempo fracturado, tiempo carnívoro, tiempo muerte. El tiempo es uno de los temas abstractos, inagotables, fundamentales, sobre los que el hombre sigue cuestionándose. El concepto tiene que ver con el origen y la razón de ser del individuo. Por eso, las sociedades han definido el tiempo a través de la religión, la ciencia, la filosofía y lo han representado en el arte y la cultura. 

Asimismo, la creación de un objeto: el reloj -impertinente y necesario que marca la frecuencia cardíaca del tiempo- fue un invento que marcó la historia de este concepto. Los primeros relojes fueron de sol, de agua o clepsidra y de fuego en los pueblos de la antigüedad, egipcios, chinos, indios y mesopotámicos. Luego tuvo forma romántica y personalidad discreta cuando surgió el de arena en el siglo III. En el siglo XIII aparece el reloj mecánico que canta el paso del tiempo con la voz inquietante de un grillo nocturno y que en algún momento también se cansa y muere.

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Tiempo sagrado

Por ser un amo implacable fue titán para los griegos; Cronos hijo de la tierra y el cielo. El tiempo surgió de una castración, de un corte que separó lo de arriba de lo de abajo. El Cronos o Saturno que devoró sus hijos, metáfora del tiempo que consume al hombre. La realidad del tiempo como muerte se expresa en la antigüedad con la mitología que lo dota de cuerpo e historia. El hombre pierde su libertad ante el tiempo tirano.

En tiempos de dioses, los filósofos griegos teorizaron ampliamente sobre el tiempo; Heráclito y el tiempo irrepetible, Platón con el tiempo como imagen móvil de la eternidad y el debate entre el tiempo subjetivo (personal) y el tiempo objetivo (acontecimientos).

Posteriormente, la teoría del tiempo lineal, que proviene del judeocristianismo, concibió el tiempo semejante a una autopista; una secuencia de eventos en las que el tiempo avanza recto como una mula. El esquema se basa en la idea de los hechos irrepetibles como los de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que con tanto esmero estructuró San Agustín en el siglo IV. En contraposición, está la noción del tiempo circular, el tiempo que vuelve, que es cíclico y se repite. La idea, implantada por los griegos y los orientales, parte de los ciclos de la naturaleza.

Tiempo científico

La periodización básica del tiempo es la que nos enseñan desde segundo de primaria: al tiempo que tarda la tierra en darle la vuelta al sol se le llama año y al giro que hace sobre su eje, día.  Las cartografías espaciales que ha trazado la ciencia para establecer una fecha de inicio del universo y predecir su muerte han logrado establecer una cronología del tiempo: 13.700 millones de años es la edad del universo desde que empezó a expandirse, desde el Big Bang del que nació el espacio tiempo. El universo surgió con el tiempo, al tiempo, ambos a la vez. En las etapas de vida del universo los cambios evolutivos tardan millones de años. Cantidades gigantescas, incompresibles para el hombre que vive el equivalente a una milésima de segundo.

El tiempo cronológico, la sucesión de segundos que marcan los relojes, el tiempo que fluye entre las manos en el transcurrir del día. El tiempo siempre en movimiento que oxida superficies, que deteriora cuerpos y memorias,  que todo lo acaba, que derrumba la permanencia y engendra nostalgias.

Tiempo filosófico

La tendencia del hombre a racionalizar, a dar un nombre a lo que no comprende, lo llevó a medir, hacer convenciones y fragmentar el tiempo. Pero no fue capricho suyo organizar las sucesiones de su vida: del amanecer al ocaso, del invierno al otoño, de la siembra a la cosecha; las horas que dan la vuelta. Todo pasaba en períodos y el hombre para optimizar sus actividades productivas buscó organizarlo.

En un sentido sociológico el hombre estableció patrones de duración, unidades de medición de rutinas sociales cotidianas. Las medidas del tiempo, su fraccionamiento por segundos y horas no existían en la antigüedad. Los relojes de sol y de agua y las mediciones del tiempo surgieron de las prácticas sociales, para medir duraciones: los tiempos de guardia, los tiempos de cosecha, los días de rituales. La pregunta era ¿Cuánto tarda? Más adelante la pregunta del tiempo cambió a ¿Cuánto vale? Y desde ese cambio, que sucedió por múltiples factores -la industrialización, la monetización, el crecimiento demográfico, la producción en masa, el capitalismo- sentimos una aceleración del tiempo. El trabajo dejo de ser una actividad de supervivencia para ser el medio hacedor de ganancias que se determina por el tiempo. 

Con los avances tecnológicos, llego la idea de economía de tiempo aunque realmente el tiempo alcanza menos. Los que hemos hecho es sumar quehaceres diversos al día. La cita que cumplir, alguien que espera, una fecha límite, un deber despertarse, todo lo rigen las horas. La tecnología impulsó la inmediatez, lo más pronto, el ya mismo, el no tener tiempo. La falta de ocio en las rutinas del individuo contemporáneo ha acelerado el tiempo. El tiempo moderno está ligado a las obligaciones y a los cambios en jornadas laborales y concepciones del trabajo. La ciudad es entonces el lugar del tiempo rápido,  del afán, de la impaciencia, mientras el campo es espacio del tiempo pausado, de distancias cortas.   

En ese sentir acelerado del tiempo la contemplación escasea y el sosiego ocurre en el sueño; se reducen los estados de quietud en vigilia. Tener conciencia del tiempo es angustiante porque devienen pensamientos trascendentales de la existencia como el envejeciendo y cuestiones como qué hecho con mi vida o cómo la estoy dejando pasar. En una carrera contra la finitud en la que no alcanzan las horas y no alcanza la vida aparecen consuelos de felicidad perpetua en el paraíso y rencarnaciones infinitas.

Tiempo del arte

El arte que construye quimeras con los deseos del hombre es la única que puede torcer el tiempo en ficciones y representaciones. Viajes al pasado, paseos por el futuro, tiempo de laberintos sin salida y escaleras infinitas; utopías necesarias para hacer tolerable el destino hacia la muerte. El tiempo en el arte pierde su carácter severo y le da formas inesperadas; se vuelve líquido, se vuelve arruga, se vuelve música, se fragmenta y se detiene. 

Desde las esculturas y tallados de las antiguas civilizaciones que presentaban al tiempo con cuerpo de hombre, hasta las naturalezas muertas, los videos y los performances, el tiempo ha sido materia del arte. Aunque el tiempo ha sido interpretado por múltiples artistas desde su visión individual, los cambios sociales, ideológicos y científicos sobre el tiempo han quedado registrados en el arte. Desde las teorías filosóficas de Aristóteles en el arte barroco hasta la influencia de la literatura Machado en la obra de Bergson; desde lo postmoderno en el surrealismo, hasta el crecimiento de las metrópolis en el futurismo.   

Las técnicas también han servido al arte para representar el tiempo. La fotografía (1839) que deja un instante de realidad estampado en papel, una fracción que queda estática. El video (1875) que permite alterar completamente el tiempo con secuencias lentas que largan la experiencia del tiempo en el espectador, hasta las aceleraciones que condensan el paso de décadas en minutos. La tecnología como herramienta que le permite al hombre jugar con el tiempo a través de los lenguajes diversos del arte.     

 

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Dichos:

“Hay que darle tiempo al tiempo”

“El tiempo es oro”

“El tiempo lo cura todo”

“Lo pueda hacer hoy no lo deje para mañana”

“Tiempo ido tiempo perdido”

Literatura:

“El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges”

“Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue y un será y un es cansado” Quevedo.

“El tiempo pasa,
No nos dice nada.
Crecemos envejecidos.
Déjanos aprender, como si
irónicamente,
Nos observara partir”. Fernando Pessoa

“Para que no sean esclavos del tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin parar! De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo!”. Baudelaire

“Mi misión es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme en su turno a mí, Qué cómodo se encuentra uno entre asesinos” Emile Cioran