Una nueva forma de hacer las cosas

Escrito por 
  • Ilustración: Adriana Bermúdez

Referirse al nuevo folclor colombiano, no es sólo hablar de la nueva música, artistas, exploración de ritmos, sonidos y fusiones. 

 

next1bEs hablar de una nueva generación de colombianos que, con el paso del tiempo, hemos ido recopilando sabiduría y aterrizando en hechos que, aunque algunos aún pasan por alto, para otros tantos consisten en un proyecto de vida. O mejor, un proyecto de país.

Somos una generación que piensa el folclor como un ejercicio constante cuyo fin es encontrarle un nuevo sentido al ser colombianos. Sabemos muy bien lo que es crecer en un país que, aunque errático y marrullero en muchos sentidos, nunca permitió que los verdaderos cimientos de su propia idiosincrasia se quebraran en el camino. 

Mentes abiertas, increíblemente creativas y brillantes, se alistan para guiarnos a la revolución del nuevo folclor colombiano. 

Todos los involucrados somos líderes de la vanguardia, que desde nuestras entrañas, empezamos a exorcizar los demonios de la sociedad y a reconstruir la riqueza y diversidad cultural de nuestro propio proyecto de país, basado en nuevo conjunto de tradiciones y costumbres. Hemos llegado a adquirir conciencia de nuestra multiculturalidad, lo cual es el primer paso para asimilarnos como parte de un entorno que interpretamos y reinventamos a partir de procesos de creación y asociación que fortalecen los vínculos culturales que alimentan nuestra sabiduría popular.

De nuestra generación se destacan, entre otros, los hacedores de música. Grandes abanderados de la revolución del nuevo folclor colombiano, quienes se yerguen desde sus diferentes municipios, regiones y ciudades, y asumen su papel de voceros del pueblo. 

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Personajes camaleónicos que van por el planeta predicando que las dificultades son superables y hacen de sus creaciones, temas más importantes por abordar, que los que antiguamente se abordaban al Colombia en el mundo. Gestores de una sociedad que las arregla, a su manera, cuyos logros no buscan justificar nuestra existencia ante el mundo, sino entender de lo que somos capaces de hacer y hacerlo perdurar en el espíritu de las generaciones venideras.

En mi calidad de agente, involucrado en la aún joven Industria Musical colombiana, veo de primera mano, cómo esta revolución cultural que estamos viviendo, puede ser tan -y más- grande, que lo que fue para Latinoamérica, la revolución del rock argentino en los setentas y ochentas o lo que fue el boom alternativo mexicano de los noventas. La clave está en entender como país que el folclor viene de la ciudad, tanto como viene del campo, o de la playa tanto como de la montaña, o del río tanto como de la selva. Aprender que el folclor, como lo vivimos hoy en día, es hip hop como es cumbia, es salsa como es bunde, es rock como es mapalé, es sicodelia como es bambuco y es jazz como es vallenato... Y saber explotarlo, en el mejor sentido de la palabra.

Aquí no tenemos rockstars, aquí tenemos gente común y corriente que trabaja para construir país. Tenemos bandas, seguidores, managers, bookers, editores, agentes, promotores, festivales, locutores, medios y artistas independientes, conscientes de que es trabajando como se llega a consolidar la revolución. Y es trabajando, como se dice popularmente “con las uñas”, que hemos logrado llevar con éxito nuestras creaciones a lo largo y ancho de los cinco continentes.

Ahora, los que nos falta, es apreciarnos y apoyarnos un poco más desde adentro como bloque, como colectividad. Para que, así como sabemos por nuestros antepasados cómo se forjaron los cimientos de nuestra cultura popular, nuestros sucesores sepan, por nosotros, cómo la estructura se fortaleció. Esta constante acumulación de experiencia y sabiduría, les iluminará a ellos, el camino a promover la circulación de sus propias creaciones e inventar, cada vez, nuevos modelos de industria cultural. 

Nota: Juan Sebastián Ortiz es manager de los grupos Bomba Estéreo y Superlitio.