La fusión en Colombia

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La música colombiana se gestó con el proceso de aculturación que se dio en la época de la colonia, donde el hibridismo étnico-cultural vio nacer diferentes ritmos de acuerdo a las múltiples regiones. 

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next1bL.as opiniones están divididas en dos grupos. Unos afirman que el término fusión es incorrecto, otros que la palabra indicada para llamar al fenómeno que hace unos años se viene gestando en nuestro país debería ser mezcla. La RAE (Real Academia Española de la Lengua) nos dice que la palabra fusión hace referencia a la unión de intereses o ideas y que mezcla se refiere a la acción de juntar, unir o incorporar algo con otra cosa. Para efectos de lo que se quiere contar en este artículo utilizaré los dos términos para no herir susceptibilidades.

Marquemos como punto de partida, para iniciar este pequeño viaje, el concepto de folclor (folclore), que significa por su parte Folk: pueblo y Lore: saber popular. Así podemos decir que la música colombiana se gestó con el proceso de aculturación que se dio en la época de la colonia, donde el hibridismo étnico-cultural vio nacer diferentes ritmos de acuerdo a las múltiples regiones. En la Cordillera de los Andes, una cultura en su mayoría mestiza, se dio la mezcla hispano aborigen. En la Costa Atlántica, Pacífica y valles tropicales, en su mayoría cultura mulata, vemos la fusión superviviente de las razas negras, españolas e indígenas. En los Llanos Orientales vemos una conexión mestiza e indígena.

La música folclórica colombiana hace referencia al patrimonio de las culturas populares que corresponden a la música transculturada de Europa y África, con mezcla de la música aborigen. De allí parte el acervo musical característico del lore o saber popular. De esta forma escuchamos bambucos, guabinas, torbellinos o pasillos que el campesino interpreta por tradición y que aprendió de generación en generación por la enseñanza de españoles a indígenas y mestizos, quienes a su vez adoptaron su propio sentimiento, su propio ritmo, que se mezcla con la tristeza aborigen y en otros casos con la alegría de la raza negra.

El aporte más importante de la música africana en Colombia es sin duda el ritmo y con este su carácter polirrítmico. Las danzas también son parte fundamental en las supervivencias africanas, que con algunos elementos fundamentales indígenas conforman ritmos tan importantes como la cumbia, cuyo nombre parece derivar de la palabra “cumbe” que es un baile popular de Guinea continental. En Colombia representada en los movimientos pasivos de la mujer, los vestigios de la cultura aborigen y en los movimientos bruscos del hombre. En la cultura negra encontramos procesos similares en el caso del porro y el currulao, donde los movimientos del hombre adquieren por momentos una gran fuerza y los de la mujer son más sosegados. Así nos lo cuenta Javier Ocampo López, historiador y folclorólogo.

La música colombiana fue desarrollándose y arraigándose en las diferentes regiones.

Paralelamente, nuestros músicos fueron alimentándose de las sonoridades foráneas con la gran influencia ejercida por Estados Unidos. Poco a poco el rock, el jazz, el funk, el rythm & blues, la electrónica y el hip-hop fueron convirtiéndose en parte intrínseca del proceso evolutivo de los músicos, quienes se adentraron en la búsqueda de una identidad propia, más cercana al contexto generacional y que fortaleciera ese sentimiento patrio que en algunas ocasiones pedía ser desenterrado del pasado. Los años ochenta palparon el proceso que fue adquiriendo una mayor cabida en las capitales de los diferentes departamentos.

Al hacer su búsqueda retrospectiva de la música tradicional colombiana se empezó el proceso de experimentación, mezclándola con los nuevos sonidos extranjeros que estaban conquistando el mundo.

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Partieron de la idea de combinar diferentes sonidos, usando recursos armónicos, melódicos y rítmicos de nuestra música, como lo dejó plasmado el músico Francisco Zumaqué en su disco en 1984.

Zumaqué buscó sus fundamentos en el jazz, el pop y la música tradicional colombiana. Así logró cristalizar lo que se llamó Macumbia. Como él, muchos otros músicos se dieron a la tarea de explorar la gran riqueza musical colombiana, tomando patrones de las diferentes regiones como es el caso de Carlos Iván Medina, Bernardo Velasco, Einar Escaff, quienes conformaron desde el año 1987 la banda Distrito Especial. Después se conocieron como Distrito cuando grabaron su disco titulado Documento con el sello discográfico Gaira musical. En este disco tuvieron la visión de mezclar la música de la Costa Atlántica con algunos toques de gaitas y acordeones. Le hicieron un guiño al bambuco explorándolo en su tema Candelaria, con el que se dio paso a integrar la batería en un ritmo que hasta el momento no lo poseía por que había sido ejecutado tradicionalmente con tiple, requinto, bandola y guitarra.

En 1993, Carlos Vives y La Provincia siguieron el legado y se enfrentaron a fusionar el vallenato con el rock y el pop. Como resultado está el afamado álbum Clásicos de la provincia, que catapultó este género al ámbito mundial. En este álbum encontramos la colaboración de un músico que también decidió participar en el proceso de enriquecimiento de la música colombiana; Antonio Arnedo, quien en 1996 lanza al mercado su primer disco en solitario llamado Travesías, con tintes de jazz al mejor estilo mundial. Hasta hoy ha continuando con una influencia determinante para los seguidores del género.

Iván Benavides, Ernesto “Teto” Ocampo, Mayte Montero, Carlos Iván Medina, Luis Ángel “el papa” Pastor, Pablo Bernal y Alex Martínez crearon un proyecto que resaltaba el folclor colombiano, al fusionarlo con rock y funk. Como consecuencia se forma en 1996, Bloque de Búsqueda. Su álbum, titulado de igual forma, tuvo una gran acogida y como respuesta el sello Luaka Bop hizo una reedición. Desde ese momento pasaron a llamarse Bloque, girando por Estados Unidos y parte de Europa.

Ante la acogida de los ritmos y sonidos colombianos surgen más propuestas como la que hizo en el año 2000 la banda Sidestepper, que con el reconocido productor Richard Blair e Iván Benavides, logran penetrar con la música del Caribe y combinarla con el drum n´bass y la música electrónica. Así dan a conocer su primer álbum More Grip. En el 2002, se suma con su trabajo discográfico Calle 19, la banda La Mojarra Eléctrica, quienes toman el folclor del Chocó, currulaos y chirimías, para mezclarlo con funk, ragga y reggae. En el año 2005, Edmar Castañeda comienza su carrera en solitario y mezcla la música de los Llanos Orientales y el jazz.

Con enfoque desde los ritmos del pacífico y el hip-hop, llega en el año 2006 a la escena ChocQuibTown con su álbum Somos Pacífico, donde encontramos ritmos como el bunde, currulao, bambazú y aguabajo, dando a conocer en los Premios Grammy Latinos la fuerza de la fusión colombiana y ganándose una estatuilla.

A este despertar de las llamadas nuevas músicas colombianas, se han sumado muchos músicos y muchas bandas, que están haciendo que nuestro país se conozca más por cosas positivas y que Colombia tenga una identidad musical más visible, para lo cual, reavivar y mantener el folclor ha sido una gran herramienta.                     cierre

Nota: Cristian Gutiérrez es músico, espacializado en batería, diseñador digital, amante de la lectura y apasionado por la vida.

www.myspace.com/cristiangutierreza

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