La frase “Cada pueblo se merece a sus gobernantes” es tan verídica como corta. Sobran los políticos corruptos, al tiempo que tenemos un presidente que no sabe cómo aferrarse al poder. Pero no solo a nuestros gobernantes nos tenemos más que merecidos, Colombia se merece a sí misma: nuestros equipos de fútbol, nuestros policías, nuestros choferes de bus y, por supuesto, Nuestra Tele. ¿Qué deberíamos erradicar de los noticieros que emite para que su calidad mejore? ¿Es posible que eso pase? Si en Colombia los noticieros fueran hechos por seres humanos y no por periodistas:
> Durarían un tiempo determinado todos los días, una hora por decir algo, y no serían un tiro al aire en la parrilla de programación: 45 minutos un martes, 56 el día siguiente, dos horas y doce un sábado…
> Las emisiones de la mañana no serían esa mole de cuatro horas que incluye un programa de variedades antes y después de las noticias, y que abre a las 5:30 a.m. con el Padre Chucho dando sermones y tocando la guitarra.
> Los titulares serían narrados de forma civilizada, en lugar de ser gritados por un locutor como si con cada titular estuviera proclamando el fin del mundo, cuando en realidad lo que anuncia es que un niño en Quibdó sufrió quemaduras en un incendio.
> Un reportero no le preguntaría a una señora invadida por el llanto y el dolor, porque sus dos hijos soldados acaban de ser abatidos en combate con la guerrilla, que cómo se siente.
> No nos sorprenderían a media mañana o media tarde, cuando no hay noticieros, con un “Extra” para anunciar que eligieron al nuevo ministro de justicia. ¿No podían esperar hasta las siete de la noche para soltarnos semejante evento único e irrepetible?
> No tendrían una sección de libros –una sola a la semana, generalmente los viernes por la noche– en la que en apenas treinta segundos reseñan los lanzamientos más importantes, que generalmente son dos libros de autoayuda.
> Las secciones de farándula no durarían 45 minutos, serían presentadas por periodistas con cartón y no por ex reinas, y no llenarían el espacio con notas como la pelea de Thalia con su peluquero, el perro chihuahua que se compró Sara Corrales, o el sushi que se comió Hernán Zajar en un exclusivo restaurante de la zona T. Tampoco le pondrían a cada nota titulares tan deprimentes como: “Inés María demostró la química que tiene con el lente fotográfico”.
> Entrevistarían a los actores como las personas reales que son, no como el personaje que encarnan en la telenovela de moda.
> Y no nos clavarían, para acabar de rematarnos, media hora de algo llamado Estilo RCN, donde la presentadora, después de caminar por una pasarela, culmina su recorrido anunciando que los pantalones pescadores en colores brillantes están de moda.